Las células del lugar: nuestro GPS cerebral

images
En el cerebro existen muchos tipos de neuronas, que se activan de forma diferente en cada una de las diferentes tareas que realizamos a lo largo del día; por ejemplo, algunas se activan sólo cuando estamos mirando algo, como las de la parte posterior, en la corteza occipital; otras, como las neuronas de la corteza somatosensorial, se activan cuando vamos a realizar algún movimiento.
Las células de lugar son neuronas que están en el hipocampo, una parte del cerebro relacionada principalmente con tareas de memoria y orientación. O’Keefe (1971) demostró su existencia en el hipocampo de los roedores, que es el modelo animal donde han sido mejor estudiadas, pero es muy probable que estén en todos los animales con hipocampo, incluido el hombre. La peculiaridad de las células de lugar, lo que las hace interesantes, es que sólo se activan cuando el animal está en un lugar concreto: es decir, una célula de lugar dispara rápidamente, por ejemplo, solamente cuando el roedor se acerca al comedero de la jaula, o a la zona donde duerme habitualmente. Forman lo que O’Keefe y Nadel (1978) en su influyente libro llamaron “mapas cognitivos del hipocampo”.
Mucho más tarde, ya en 2005, los Mosers, científicos noruegos, demostraron la existencia en la corteza entorrinal de un nuevo tipo de neuronas, las neuronas de red, también relacionadas con la orientación espacial, y que realizan una función complementaria a las anteriores: disparan en puntos equidistantes del espacio, formando algo parecido a un sistema de balizas que sirve de soporte al mapa del espacio que rodea al animal.
Se podría decir que la combinación de las neuronas de lugar (mapa cognitivo) y de red (sistema de coordenadas) permiten al animal formar un mapa espacial del entorno: ¡son como el GPS cerebral!
Durante muchos años, la existencia misma de las células de lugar ha estado cuestionada, así como su papel en el funcionamiento del hipocampo. En los últimos años las investigaciones han ido aclarando definitivamente su papel, y ya nadie pone en duda que son un elemento básico en la fisiología del hipocampo, tanto de roedores como de animales superiores y del hombre. Prueba de este consenso es la concesión de este merecido premio Nobel.
Como es bien sabido, la corteza entorrinal y el hipocampo son las estructuras del cerebro que más precozmente se afectan en la enfermedad de Alzheimer. Algunos de los primeros síntomas de esta enfermedad son los trastornos de orientación: los pacientes se pierden con frecuencia en espacios complejos, y a medida que progresa la enfermedad incluso en lugares muy conocidos.
Sin duda los avances en la comprensión de los mecanismos básicos del hipocampo y sus neuronas células de lugar, junto con las progresivas mejoras en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, nos llevarán algún día a poder ampliar el abanico de posibilidades terapéuticas que ofrecer a nuestros pacientes, que a la postre son, y han sido siempre, el motivo último de la investigación en Medicina.
Autor: Dr. Juan Antonio Barrios Heredero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *